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Primeros pasos

Ir al trabajo en bici: guía para las primeras semanas

Cómo elegir la ruta, qué hacer con el sudor, dónde aparcar y qué equipo mínimo necesitas para empezar a ir en bicicleta al trabajo.

Redacción de Férrea 4 min de lectura

Cambiar el coche o el autobús por la bicicleta para ir al trabajo es una de esas decisiones que parecen más difíciles de lo que son. Las dudas suelen ser las mismas: si llegaré sudado, por dónde ir, dónde dejar la bici o qué pasa si llueve. La buena noticia es que casi todas se resuelven con un poco de preparación antes del primer día y con algo de paciencia durante las primeras semanas.

Empieza por la ruta, no por la bici

El trayecto más corto en coche rara vez es el mejor en bicicleta. Las avenidas principales concentran tráfico rápido, y muchas veces una calle paralela más tranquila añade solo unos minutos y cambia por completo la sensación del viaje. Antes de estrenarte, dedica un rato a estudiar el mapa:

  • Busca carriles bici, calles de un solo carril por sentido y zonas de velocidad reducida.
  • Evita, si puedes, glorietas grandes y enlaces con vías rápidas.
  • Fíjate en las pendientes: una cuesta suave y larga suele ser más llevadera que una corta y empinada.
  • Ten pensada una alternativa por si encuentras obras o un tramo que no te convence.

Los planificadores de rutas de las aplicaciones de mapas tienen modo bicicleta y son un buen punto de partida, pero conviene revisar lo que proponen con tus propios ojos.

Haz un ensayo sin prisa

Recorre la ruta un fin de semana o un día festivo, con menos tráfico y sin la presión del horario. Así sabrás cuánto tardas de verdad, dónde están los cruces complicados y si hay algún tramo que prefieras evitar. Cronométrate y añade un margen de diez o quince minutos para los primeros días: llegar con prisa es la forma más rápida de tomar malas decisiones en un cruce.

La cuestión del sudor

Es la preocupación más habitual y tiene solución. A ritmo tranquilo, en un trayecto urbano corto, la mayoría de personas llega en condiciones de empezar a trabajar. Algunas ideas que ayudan:

  • Sal con tiempo para no tener que apretar el ritmo.
  • Vístete por capas y empieza el trayecto con un poco de fresco; en diez minutos habrás entrado en calor.
  • Lleva la mochila en la bici (en un portabultos con alforjas o una cesta) en lugar de en la espalda: la espalda mojada viene, sobre todo, de la mochila.
  • Ten una muda o una camiseta de repuesto en el trabajo y unas toallitas en el cajón.

Si tu empresa tiene duchas o vestuario, perfecto. Si no, con estas medidas suele bastar para trayectos moderados.

Dónde dejar la bicicleta

Antes del primer día, pregunta si hay aparcamiento de bicis en tu edificio o en el garaje. Si no lo hay, localiza los aparcabicis públicos más cercanos y comprueba que estén en un lugar visible y concurrido. Algunas empresas permiten guardar la bici en un cuarto o en el propio garaje si se pide; no está de más preguntar.

Usa siempre un buen candado y ancla el cuadro a un elemento fijo. Hablamos de candados y de cómo reducir el riesgo de robo en otro artículo de este blog.

El equipo mínimo

No hace falta equiparse como un ciclista de carretera. Para empezar basta con:

  • Luces delantera y trasera, aunque pienses volver de día: los días se acortan y los planes cambian.
  • Un timbre, que además es obligatorio.
  • Un candado adecuado al sitio donde vas a aparcar.
  • Una pequeña bolsa con cámara de repuesto o kit antipinchazos, desmontables y una bomba o un cartucho de aire.
  • Casco: obligatorio para menores de 16 años y en vías interurbanas, y muy recomendable en cualquier caso.

Si la ropa de calle te resulta cómoda para pedalear, úsala. Las pinzas o una goma para el bajo del pantalón evitan que se manche con la cadena.

Las primeras semanas

No te propongas ir en bici todos los días desde el primer lunes. Empieza con dos o tres días por semana y ve aumentando. El cuerpo se adapta rápido, pero también la cabeza: al principio todo exige atención, y en pocas semanas la ruta se vuelve familiar y el trayecto empieza a resultar agradable.

Durante ese periodo es normal ajustar cosas: cambiar un tramo de la ruta, mover el sillín, descubrir que necesitas guardabarros o que prefieres salir diez minutos antes. Toma nota de lo que no funciona y corrígelo sin prisa.

Cuando el día no acompaña

Habrá días de lluvia fuerte, de viento o en los que simplemente no te apetezca. No pasa nada: la bici no tiene por qué ser la única opción. Tener claro el plan B, sea el transporte público o compartir coche, quita presión y hace más fácil mantener el hábito el resto de días.

Un hábito que se construye

Ir al trabajo en bicicleta no exige estar en forma de antemano ni tener una bicicleta especial. Exige, sobre todo, una ruta bien pensada, un mínimo de equipo y algo de constancia. Con eso, el trayecto diario puede pasar de ser un trámite a ser uno de los mejores ratos del día.

Este artículo tiene carácter informativo y general. Las normas de circulación y las ordenanzas municipales cambian: consulta siempre las fuentes oficiales. ¿Ves algún error? Escríbenos a soporte@ferrea.online.

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