Día a día
Pedalear todo el año: cómo adaptarse a la lluvia, el frío y el calor
Agarre y frenada con lluvia, ropa por capas en invierno, horarios y agua en verano, y qué hacer cuando sopla el viento.
Redacción de Férrea 4 min de lectura
Una de las preguntas más habituales de quien empieza a moverse en bicicleta es qué ocurre cuando cambia el tiempo. La respuesta corta es que, con algo de preparación, se puede pedalear casi todo el año en la mayor parte de España. La respuesta larga depende de la estación, y de eso trata este artículo.
Lluvia: ver, ser visto y frenar antes
La lluvia cambia tres cosas: el agarre, la distancia de frenado y la visibilidad. Adaptarse a ella pasa por tenerlas en cuenta.
- Reduce la velocidad y empieza a frenar antes. Con el suelo mojado, la bici necesita más distancia para detenerse, sobre todo con frenos de llanta.
- Cuidado con las superficies resbaladizas: pasos de peatones y marcas pintadas, tapas de alcantarilla, rejillas, vías de tranvía y hojas caídas. Crúzalas con la bici recta, sin frenar ni girar encima.
- Las primeras lluvias tras un periodo seco suelen ser las más traicioneras, porque el agua mezcla la suciedad y los restos de aceite acumulados en el asfalto.
- Enciende las luces aunque sea de día. Con lluvia, conductores y peatones ven peor.
En cuanto al equipo, unos guardabarros cambian por completo la experiencia: evitan el chorro de agua y barro en la espalda y en los pies. Una chaqueta impermeable y transpirable, un pantalón de lluvia o unas polainas y una funda para la mochila completan lo básico. Algunas personas prefieren capas o ponchos para ciclista, cómodos en trayectos cortos.
Al llegar, seca la bici por encima y, si ha llovido mucho, lubrica la cadena: el agua arrastra el lubricante.
Frío: capas y extremidades
En invierno el problema no suele ser el cuerpo, que se calienta pedaleando, sino las manos, las orejas y los pies. La clave está en vestirse por capas:
- Una primera capa que transpire y aleje el sudor de la piel.
- Una capa intermedia que abrigue, más o menos gruesa según la temperatura.
- Una capa exterior que corte el viento.
Sal con una ligera sensación de frío: si estás calentito al arrancar, a los diez minutos tendrás calor. Unos guantes que corten el viento, un gorro fino o una banda bajo el casco y un buen calzado marcan la diferencia. Un cuello o braga protege la garganta y se puede subir o bajar según convenga.
En invierno anochece pronto, así que revisa luces y baterías con más frecuencia. El frío reduce la autonomía de muchas baterías; guárdalas a temperatura ambiente cuando sea posible. Y atención a las primeras horas en zonas frías: puede haber placas de hielo en puentes, sombras y zonas cercanas al agua.
Calor: horarios, agua y sombra
En buena parte del país, el verano es el reto real. Pedalear con calor intenso exige ajustar algunas costumbres:
- Si puedes elegir, evita las horas centrales del día. A primera hora de la mañana y al atardecer el trayecto es mucho más llevadero.
- Bebe agua antes de salir y lleva un bidón o una botella en trayectos largos.
- Busca rutas con sombra, aunque sean algo más largas: parques, calles arboladas o junto a ríos.
- Usa ropa ligera, transpirable y de colores claros, y protección solar en la piel expuesta.
- Baja el ritmo. Llegar diez minutos más tarde es mejor que llegar agotado.
Presta atención a señales como mareo, dolor de cabeza intenso, náuseas o calambres. Si aparecen, para en un lugar a la sombra, bebe y descansa. En días de alerta por calor, quizá sea mejor dejar la bici para otro momento.
Viento
El viento no aparece en los pronósticos con tanto protagonismo como la lluvia, pero en bici se nota mucho. De cara cansa y ralentiza; lateral puede desestabilizar en puentes, avenidas abiertas o al salir de una calle protegida. Agarra el manillar con firmeza, reduce la velocidad en zonas expuestas y, si las rachas son fuertes, no dudes en bajar de la bici en los tramos más complicados.
La bici también nota el tiempo
Los cambios de estación son buen momento para una revisión: presión de neumáticos, desgaste de las pastillas de freno, estado de la cadena y funcionamiento de las luces. En invierno, la sal y la humedad favorecen la corrosión; en verano, el sol degrada las gomas y el plástico. Guardar la bici a cubierto alarga mucho su vida.
Un plan B no es un fracaso
Habrá días en que el tiempo no compense: tormentas, temporales o temperaturas extremas. Tener una alternativa preparada, ya sea el transporte público, compartir coche o teletrabajar, no rompe el hábito. Lo mantiene, porque quita presión al resto de días.
Pedalear todo el año es, sobre todo, cuestión de equipo adecuado y de sentido común. Con lo básico para cada estación, la mayoría de días del calendario son buenos para salir en bici.
Este artículo tiene carácter informativo y general. Las normas de circulación y las ordenanzas municipales cambian: consulta siempre las fuentes oficiales. ¿Ves algún error? Escríbenos a soporte@ferrea.online.
